Editorial

La vida como fenómeno creado, evolutivo, amenazado, manipulado y escatológico

 

— Lucio Florio

 

El fenómeno de la vida constituye el eje de preocupaciones de los artículos del presente número de Quaerentibus. Hoy, al menos hasta donde ha llegado nuestra mirada, afinada y prolongada por la ciencia y por la tecnología, percibimos este fenómeno como algo extremadamente original, circunscripto al planeta Tierra. La visión biológica, paleontológica y genética ha hecho que ya no podamos más percibir los seres vivientes sin una referencia a su prolongado pasado. Hay una historia de la vida extensa, compleja, de la cual la filogenética brinda un panorama cada vez más detallado. El ser humano aparece claramente como integrante de esa historia, probablemente como su única parte consciente del proceso.

 

Después de bastante más de 3.000 millones de años de evolución, la biosfera ha ingresado en una situación de riesgo. Aunque no se trata de la primera etapa crítica para la vida, es sí la primera cuyo origen proviene del Homo sapiens. Tal causalidad antrópica está lejos de desvanecerse. Por el contrario, sus efectos, multiplicados por la tecnociencia e incontrolables por la incapacidad de las poblaciones humanas por delimitar, en forma conjunta y sostenible, políticas públicas que mitiguen la situación y aminoren los procesos negativos, parecen hacer prever un futuro dramático para la biosfera.

 

Un artículo del presente número aborda precisamente la relación entre historia evolutiva y ecología. J. Dadón, Doctor en Ciencias Biológicas, vincula explícitamente los modelos científicos sobre el origen de la vida y las diversas lecturas teóricas y prácticas para enfrentar las cuestiones ecológicas. Sostiene el autor que la aproximación a la cuestión ambiental a partir de visiones fijistas o mecanicistas de la vida conduce hacia posiciones muy diferentes a las que parte de una perspectiva evolutiva. En efecto, estas divergencias se hacen manifiestas al momento de tomar posiciones prácticas o de elaborar legislaciones sobre cuestiones ambientales. Las decisiones prácticas emanadas de cosmovisiones fijistas difieren de las articuladas desde una concepción de la vida como una entidad dinámica, en permanente evolución de individuos y especies, bajo mecanismos de selección natural y de mutaciones genéticas. El artículo permite captar la necesidad de vincular claramente la dimensión evolutiva en el diagnóstico de los problemas ecológicos.

 

La historia evolutiva de la vida y su situación de vulnerabilidad presente enmarcan una cuestión de creciente interés: la exobiología. ¿Hay algo que sea parecido a lo que conocemos por “vida” en otras regiones del impresionante universo del que estamos percibiendo sus dimensiones sorprendentes? El contexto cósmico abisma. La fragilidad del fenómeno de la vida en nuestro pequeño planeta no hace sino subrayar su carácter de extraño. Por ese motivo, múltiples investigadores procuran localizar signos vitales en otras regiones del cosmos. La amenaza sobre la biosfera hace que algunos, fuertemente insertos en una tradición iluminista y positivista que fija en la tecnociencia la clave única de desarrollo de lo humano, busquen soluciones de escape en la colonización de otros planetas. Stephen Hawking es uno de ellos: habrá una catástrofe –por la siniestra combinación de capitalismo, ciencia y tecnología- y la única solución es la fuga hacia otros vecindarios cósmicos. Esta curiosa aporía a la que arriba un camino de corte neo-iluminista -confianza absoluta en las ciencias y en la tecnología- hace pensar en la necesidad de tratar en un marco meta-científico la cuestión de la vida en el universo. En este ámbito de discusión, el teólogo Claudio Bollini ensaya una lectura teológica sobre la cuestión. Se focaliza no sólo en el fenómeno de la vida en general sino sobre el de cierto tipo de vida, más rara aún: la vida inteligente. Procura presentar un detallado estado de la cuestión científica sobre ese tema, mencionando los proyectos investigativos en curso. Después, Bollini perfila las líneas de reflexión que la hipotética existencia de seres racionales depararía a la teología de la Encarnación, a la Soteriología y a otros tratados clásicos de la teología cristiana. Finalmente, ensaya algunas reflexiones personales sobre el tema. El carácter hipotético del objeto de estudio –seres inteligentes hasta el momento no descubiertos y, sin embargo, probables- tensiona la teología clásica desde su visión antropocéntrica hacia especulaciones que, como un efecto indirecto, posibilitan que los lectores experimentemos el sentimiento de extrañeza y admiración por el puesto humano en el cosmos y, especialmente, por el inédito vínculo entre el creador y una de sus obras tan cosmológicamente pequeña.

 

La amenaza global sobre la biosfera tiene dimensiones concretas. La cuestión nuclear, particularmente, ofrece indicios sombríos sobre el futuro. Zvetlana Alexiévich -premio Nóbel de Literatura 2015- ha formulado reflexiones acerca de la novedad producida por el desastre de Chérnobil sobre la manera de percibir la misma vida de tal dramatismo que no deberían ser omitidas. En: Voces de Chernóbil. Crónica del futuro (Penguin Random House Editorial, Buenos Aires 2016) describió la situación inédita producida por aquel acontecimiento nuclear. En un capítulo intitulado: “Entrevista de la autora consigo misma. Sobre la historia omitida y sobre por qué Chernóbil pone en tela de juicio nuestra visión del mundo”, señala: “El hombre se vio sorprendido y no estaba preparado para esto. No estaba preparado como especie biológica, pues no funcionaba todo su instrumental natural, los sensores diseñados para ver, oír, palpar… los sentidos ya no servían para nada; los ojos, los oídos y los dedos ya no servían, no podían servir, por cuanto que la radiación no se ve y no tiene olor ni sonido. Es incorpórea. (…) El mundo que nos rodeaba, antes amoldable y amistoso, ahora infundía pavor. La gente mayor, cuando se marchaba evacuada y aun sin saber que era para siempre, miraba al cielo y se decía: ‘Brilla el sol. No se ve ni humo, ni gases. No se oyen disparos. ¿Qué tiene eso de guerra? En cambio, nos vemos obligados a convertirnos en refugiados.’ Un mundo conocido…, convertido en desconocido” (48-49).

 

Lo nuclear en particular y la crisis ecológica en general obligan a formularse nuevamente cuestiones que tradicionalmente ha abordado la escatología. Ahora hay razones tecnológicas para pensar en el fin de la biosfera. Carlos Escudé recoge el tema y lo repiensa a la luz de una escatología judía medieval. Una novedad histórica, la amenaza nuclear, permite actualizar un modelo escatológico pensado en momentos históricos muy diversos al actual. ¿Puede un téologo judío del medioevo aportar luz sobre la situación nuclear del siglo XXI? Por lo pronto, el artículo hace pensar sobre la necesidad de tratar la crisis ecológica en el marco de la finitud de la historia. Y, desde tal punto de partida, invita a los creyentes de raigambre bíblica a recurrir a los resortes proféticos escondidos en textos escatológicos de otros tiempos, a fin de iluminar un futuro inmediato probablemente dramático. Moshé ben Najmán, en el siglo XIII, sostenía que a medida que la historia humana se va desenvolviendo, aumenta nuestra capacidad para descifrar enigmas bíblicos. Lo oculto se va develando a medida que la humanidad transita por el camino que va de la Creación a la Redención. Aunque el tiempo humano y el cósmico son diferentes entre sí, sin embargo, están interconectados. Resulta interesante, apoyados en esta línea de interpretación profética, pensar teológicamente la novedad de un biocidio generalizado provocado por la acción humana.

 

La relación entre ciencia y religión está marcada hoy por corrientes anglosajonas, pero supo situarse en otras áreas lingüísticas y cuadros conceptuales. Resulta interesante recuperar para la historia del pensamiento filosófico y teológico la importancia de otras filosofías de la vida que aún subsisten e irrigan parte del debate sobre la filosofía y teología de la vida. Tal es el caso del pensamiento del filósofo francés Henri Bergson, analizado en un estudio de Guillermo Barber Soler. El autor busca mostrar cómo la relación entre ciencia y religión no constituye una cuestión únicamente epistemológica en los escritos de Bergson, sino que, por el contrario, incluyen otras dimensiones, metafísicas y antropológicas. Además, describe cómo, según el filósofo francés, el mismo problema religioso debe ser estudiado en la experiencia religiosa, implicando a la cosmología y a la biología. La experiencia religiosa es dinámica y vital. El programa de Bergson resulta valioso en sí mismo, pero también por las repercusiones que ha tenido en algunos pensadores del siglo XX, involucrados, directa o indirectamente, en el diálogo entre ciencia y religión: Jacques y Raissa Maritain, Étienne Gilson, Charles Péguy, Emmanuel Mounier, Gabriel Marcel, Teilhard de Chardin, etc. El recuerdo del camino intelectual de Bergson hace ver la existencia de una tradición –más continental– caracterizada por una consideración no reduccionista de la vida, idónea para pensar el fenómeno en un modo integral.

 

Una de las corrientes filosóficas más difundidas en la filosofía de las ciencias contemporánea es la filosofía analítica. Con raíces en el giro gnoseológico cartesiano y kantiano, y con su fundación explícita en el Círculo de Viena, trata de poner en un marco rigurosamente lógico y principalmente matemático el alcance de los conocimientos científicos. En fidelidad a Kant, quien buscaba las condiciones de posibilidad del conocimiento en formas a priori de la sensibilidad y de la razón, la corriente analítica se aplica a desmontar las teorías científicas elaboradas en la historia. Lo hace con un instrumental sofisticado, construido fundamentalmente con herramientas de lógica matemática. El emprendimiento se ha mostrado útil para precisar las incoherencias internas a las teorías científicas; sin embargo, su generalización confronta con uno de los dilemas centrales de la racionalidad: ¿por qué las matemáticas son confiables y no otro tipo de conocimiento? Esa falta de fundamentación última de las matemáticas –explicitada por Gödel- impide confiar plenamente en ellas. La cuestión del fundamento aflora nuevamente, bajo los prolijos análisis estructurales. No percibir esta incompletud en sus fundamentos y la necesidad de una legitimación de carácter ontológico, no puramente matemático, hace que el programa analítico termine siendo insuficiente en un diálogo con la teología. Un reduccionismo a lo matemático del conocimiento científico –sin fundamentación convincente- hace que la corriente analítica culmine en un callejón sin salida y, finalmente, en una versión renovada de racionalismo.

 

Dos artículos de la revista transitan por los senderos analíticos, aunque dejando abiertas las ventanas hacia dimensiones metalógicas. Por una parte, Daniel Blanco se aboca a analizar la irrupción de la temporalidad de la Tierra durante el siglo XIX. La percepción del “tiempo profundo” (Gould) habría significado un cuarto golpe al narcisismo antropocéntrico. Blanco, con una sólida documentación, propone mostrar cómo fueron abatidas las últimas resistencias de concordismo bíblico ante el impacto de múltiples datos sobre la historicidad del planeta. Lo hace examinando una publicación de 1857, dos años antes de On the Origin of Species, de Omphalos, del naturalista inglés Philip Henry Gosse (1810–1888). Allí se propone la curiosa teoría del “proconismo”, a fin de poder explicar el fenómeno de las huellas de temporalidad presentes en seres actuales. La investigación concluye señalando que en el siglo XIX se tenían evidencias empíricas sobre la temporalidad del planeta, algo que los medios tecnológicos de datación actuales constatan y precisan. La solución de Gosse no fue sino un último intento por mantener una idea bíblica de una historia corta del mundo frente a la creciente incorporación de datos empíricos que abonaban la idea contraria, es decir, de una historia larga del planeta. El artículo de Blanco, precisamente por su referencia a una cierta confiabilidad en los datos obtenidos inclusive mediante mecanismos tecnológicos poco intuitivos parece superar la sospecha de formalismo lógico de la filosofía analítica. La documentación histórica posibilita situar la novedad de la temporalidad planetaria y el impacto sobre la conciencia humana, en particular sobre su dimensión religiosa. El corte sincrónico en los mediados del siglo XIX permite entrever que la hermenéutica bíblica de la época no estaba tan madura como la visión de las ciencias naturales para enfrentar la temporalidad histórica. La imposibilidad de practicar una lectura bíblica mediante un método histórico-crítico se vislumbra en las dificultades para relacionar fe y ciencia por parte del naturalista Gosse.

 

El otro artículo que se mueve, al menos parcialmente, dentro de la filosofía analítica, es el de Alejandro Pérez que trata sobre la clásica cuestión de la existencia de Dios y la presencia del mal. El autor, siguiendo los análisis de Alvin Plantinga, muestra que la cuestión del mal no tiene una solución en el puro marco de la metafísica modal, sino que propone una solución esencialista actualista donde deben ser admitidas las leyes naturales y la libertad. De ese modo desplaza la cuestión desde el área del análisis estructural de las proposiciones sobre la existencia de Dios y la -aparentemente contradictoria- de la presencia del mal hacia un horizonte de realidad y de libertad en el que éstas adquieren otro tipo de sentido. Se trata de un terreno de estudio en el que -desde el Job bíblico y los poemas homéricos- hay una larga tradición de referencia hacia una metalógica, superadora, aunque no necesariamente contradictoria con el enigma del mal natural y humano. El artículo deja resquicios para ese otro nivel de percepción.

 

El terreno puramente racional –empírico, matematizado, ontologizado- no es suficiente para dar cuenta de aquello que emerge como realidad. De allí la necesidad de recurrir a otra dimensión del conocimiento humano: la experiencia de la belleza. Ésta ha sido valorada como un camino de percepción del mundo, tanto por parte de la filosofía como por las religiones. Además, la belleza tiene vínculos profundos con el conocimiento científico. Sofía Polivanoff desarrolla este tema en: “La via pulchritudinis como camino desde la ciencia hacia la trascendencia”. Allí propone algunas cuestiones sobre las relaciones entre verdad y belleza en el ámbito de las ciencias y, desde allí, abriéndose hacia el campo de la trascendencia. No siempre este último paso se produce, pues la experiencia estética no reenvía necesariamente hacia un algo más allá de ella misma. Sin embargo, de la mano de la estética de santo Tomás de Aquino –que en el siglo XX fuera exhumada y actualizada por Jacques Maritain y Umberto Eco, entre otros- orienta la visión sobre la belleza propia de ciertas teorías científicas hacia una eventual fuente originaria, la que consolidaría tanto la veracidad como la hermosura de las mismas.

 

La amenaza de la vida subsiste en nuestro planeta. Se ha mencionado la amenaza antrópica sobre la biosfera. Hay también un peligro antrópico sobre el mismo ser humano, mediante la aplicación creciente de la tecnológica en la modificación genética. Un estudio histórico y filosófico de Zlatica Plašienková, de la Universidad Comenius de Bratislava, aborda los experimentos eugenésicos de la antigua Unión Soviética, desde los cuales se puede vislumbrar una situación actual de mayor complejidad. En efecto, aquellos casi ingenuos experimentos preludiaban las presentes aplicaciones biotecnológicas sobre la vida humana. Las modificaciones genéticas sobre seres vivientes, permiten considerar con serias posibilidades que el sueño eugenésico soviético se articule como política ordinaria para las generaciones futuras. En particular, los organismos genéticamente modificados obligan a una reflexión filosófica profunda, puesto que su aplicación masiva en la producción está provocando una notable alteración de muchos ecosistemas planetarios. La biotecnología está requiriendo de un análisis ético y teológico, puesto que sus efectos son profundos y de un impacto irreversible sobre los ecosistemas.

 

Después de indagar por senderos científicos, epistemológicos y teológicos acerca del enigma de la vida, de su fragilidad y originalidad, de su origen y posible destino, de su interrelación con el ser humano –parte de ella, pero también su expresión consciente e, incluso, su eventual victimario-, es importante regresar al terreno religioso e interrogar con el bagaje acumulado –la precomprensión o Vorteil, según H. G. Gadamer- a sus fuentes. Uno de los textos de mayor relieve en lo que respecta a su teología de la vida es el Evangelio de San Juan. Se trata de uno de los cuatro libros que reportan los hechos y palabras de Jesús de Nazareth. El de Juan es el último en composición (aproximadamente de fines del primer siglo) y, presuponiendo las versiones de los sinópticos, ensaya una especulación teológica acerca de la identidad última de Jesucristo. En particular, su Prólogo refiere la cuestión del sentido hacia la figura del Lógos (Palabra, Verbo) que estaba en el principio junto a Dios. La tradición cristiana ha leído este texto en clave de identidad divina –ratificándolo con nomenclatura filosófica, homousios o consubstancial desde el Concilio de Nicea (325)-. Ha considerado que la palabra (dabar) de los textos judíos tenía entidad personal y, por ello, comenzó a confesar una dualidad en Dios, aumentada a tríada con el Espíritu Santo, tal como lo declaró el I Concilio de Constantinopla (381). De este modo, el prólogo joánico fue un texto de referencia para el monoteísmo trinitario del cristianismo originario.

 

Sin embargo, no fue esa la única lectura del Prólogo joánico. En efecto, hubo también interpretaciones no trinitarias dentro del cristianismo, como la del arrianismo. Pero también se produjeron lecturas originadas en el Islam. Despierta mucho interés conocer los ecos musulmanes que interpretan el Evangelio de Juan. Vicente Haya escribe “Un comentario exegético de la traducción al árabe del Prólogo del Evangelio de Juan”. Por una parte, nos ubica en una recepción en árabe del texto, permitiéndonos descubrir una polivalencia semántica al interior de una lengua de larga y extensa historia. Por otra parte, el artículo permite acercarnos a la sensibilidad musulmana en la captación de este texto crucial. Entre otras cosas, impacta la idea, subrayada por el autor después de un fino análisis lingüístico, que para la visión árabe del texto no hay existencia lejos de la Palabra, pero tampoco vida, “porque la Vida es la entraña de la Palabra, y no se halla en ninguna otra parte más que en ella. Esa Palabra que es Dios contiene dentro de sí la Vida. Y de la Vida se nos dice que al ser humano se le convierte en luz. Cómo la Vida llegó a ser luz para los seres humanos forma parte del misterio. Lo que sí entendemos es que, en consecuencia, la oscuridad se convirtió para el ser humano en muerte”. Estas resonancias de Juan dan pie a una incorporación de los varios accesos a la realidad de la vida que se han articulado en este número de Quaerentibus y remontarlo a una fuente ontológica, en el seno de una Palabra trascendente y dadora de sentido.

 

En el espacio literario de la revista publicamos la traducción de un par de poesías de un gran escritor de Albania, Kasem Trebeshina. La traductora y escritora Anila Xhekaliu, albanesa también, brinda una imagen del escritor en su contexto histórico. Ello posibilita no sólo la identificación de la trayectoria original de este escritor, sino también situar la reflexión sobre la interacción entre lo humano y la biosfera en el Sitz im Leben concreto donde efectivamente se produce. De este modo, se sale de una visión demasiado abstracta para pensar en forma más contextualizada el misterio de la vida, contemplada e intervenida por el ser humano, mediante estructuras tecnocientíficas, ideológicas, políticas. Éstas, aunque no impiden la percepción directa y admirada de su belleza y prodigalidad, muchas veces enturbian y cargan de dramatismo la escena vital en la que nos movemos. Tal como en el caso de Alexiévich, también aquí hay notas perceptivas originales, diversas de las acuñadas en horizontes culturales dominados por el modelo científico y tecnócrata. En efecto, las voces provenientes de otras culturas, en las que coexiste la tecnología y sus impactos ambientales, en sustratos de tradiciones religiosas, estéticas e intelectuales muy sólidas, permiten abordar la grave problemática sobre la vida amenazada con categorías de pensamiento y de sensibilidad, no tan distorsionadas por el cientificismo y la tecnocracia occidentales.

 

Dos reseñas bibliográficas aportan opiniones sobre libros con nuevas perspectivas en el área de la fe y las ciencias. Por una parte, el Ing. y Dr. en Teología -residente en Milán, Italia- Jorge Papanicolau, analiza el original libro de Ilia Delio: The Emergent Christ, Exploring the Meaning of Catholic in an Evolutionary Universe. Se trata de una articulación más sólidamente teológica del pensamiento de Teilhard de Chardin, mostrando sus posibilidades actuales de absorber e instrumentalizar los datos más recientes de las ciencias. El autor, siguiendo las intuiciones teilhardianas, propone un nuevo lenguaje para pensar el cristianismo con el aporte de la cosmovisión científica. De algún modo, el texto confirma la vitalidad del pensamiento del jesuita francés.

 

Por otra parte, Ludovico Galleni comenta la obra de Dieudonné Zognong –quien ya ha colaborado con un artículo en Quaerentibus-, cuyo título es:  Démocratisation et religion en Afrique noir. Allí hace ver la importancia de un discurso científico, filosófico y teológico para lograr una experiencia de fe no meramente ligada a personalismos de líderes. Según Zognong, sólo una aproximación seriamente filosófica al problema religioso puede abrir el camino de difusion de una religiosidad robusta. De allí la importancia de una racionalidad científica y filosófica firme, no hallable sólo en el área cultural anglosajona, sobre todo para los países que se comunican en otros idiomas europeos y locales.

 

El presente número se ha nutrido de algunos artículos provenientes de dos encuentros académicos:

 

Los artículos de José Dadón, Carlos Escudé y Zlatica Plašienková fueron presentados oralemente en el VIII Congreso Lationoamericano de Ciencia y Religión (Buenos Aires, 2014) y publicados en una versión electrónica en: FLORIO, LUCIO; GUREVICH, BEATRIZ; URRUTIA ALBISÚA, EUGENIO (Directores de edición), DeCyR, Documentos y Presentaciones del VIII Congreso Latinoamericano de Ciencia y Religión, DeCyR, Buenos Aires, Junio 2015 (ISBN: 978-987-45880-0-5). Publicación en formato electrónico: www.fundaciondecyr.org. El artículo de Escudé ha sido ampliado y el de Plašienková ha sido modificado ligeramente.

 

Los artículos de Claudio Bollini, Daniel Blanco, Guillermo Barbér Soler y Sofía Polivanoff fueron expuestos en la Jornada: “Cuestiones epistemológicas en torno al diálogo entre ciencia y religión”, organizada en la Facultad de Filosofía y Letras de la Pontificia Universidad Católica Argentiana, el 12-10-2016, bajo el auspicio del Programa “Science, Philosophy and Theology - Latin American Perspectives”, Ian Ramsey Centre for Science and Religion, Oxford University.

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Año 5 | n.° 7

Novembre

2016

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